Prepare the unexpected...
Si hago una analogía de mi vida como una partícula que se mueve en el espacio tiempo describiendo una trayectoria que ocurre debido a fuerzas que están en el camino. Definitivamente los videojuegos han sido, y no veo porque no seguirán así, una de esas fuerzas.
No recuerdo la fecha exacta, pero seguro fue a mediados de la década de los 80. Lo que sí recuerdo es el momento en el que me volví gamer. Mis padres nos llevaron a mi hermano y a mi (mi hermana todavía no nacía) a comer a casa de unos amigos suyos. El hijo menor de aquella pareja acababa de recibir, de un viaje que su padre había hecho a los United States, un Nintendo Entertainment System (1985), o NES como se conoce en el mundo gamer o lo que en México fue durante mucho tiempo el paradigma de videojuegos: “un Nintendo”.
El juego era, obviamente, Super Mario Bros (1985). El original y primero de toda la infinidad de juegos de Mario que ahora existen. Mi hermano y yo teníamos un Atari 2600 (1978) pero realmente sólo nos dedicábamos a jugar Othello (1980), cuyas reglas nunca supimos bien exactamente, y Fishing Derby (1980) que venía en un cartucho con como 60 juegos. Realmente no recuerdo ninguno de los otros.
Pero en la época del Atari los videojuegos para mi eran sólo un pasatiempo intrascendente. Fue en los primeros segundos de Super Mario, donde queriendo o no, el videojuego se volvió formativo… ¡Hay que sobrevivir al primer Goomba!
Afortunadamente no todos los juegos son igual de traumáticos, Resident Evil (1996) es de mis juegos favoritos de mediados de las siguiente década, pero afortunadamente tienes un tiempo para aprender a moverte a usar el control, de cierta manera un propedéutico antes de entrar al campo de batalla. Pero a la fecha en cada situación la filosofía correcta es siempre estar preparado para ese primer Goomba.
Never give up…
A principios de la década de los 90, mi madre incursionó en una aventura que cambiaría su vida, y la mía junto con la de mis hermanos por consecuencia. Se dedicó a dirigir el servicio de transporte escolar de la escuela a la que yo iba. El negocio empezó con dos microbuses que por la madrugada se movían alrededor de la más caótica ciudad del mundo para dejar alumnos en su escuela y en la tarde los regresaban en sus casas. Pero la historia que me interesa contar ahora es qué pasaba con los microbuses entre la tarde y las madrugadas en las que trabajaban.
A la fecha desconozco los detalles de la operación, pero justo en la esquina del parque en la calle donde yo vivía solía existir un terreno donde mi mamá consiguió (me imagino que) rentar para estacionar los microbuses. Siendo niños, yo el mayor de alrededor 12 años, a mi hermano, mi vecino y yo nos llamaba la atención ir a ver “a los camiones”. Pero justo en ese terreno, en el lado que daba a Avenida División del Norte se rentaba para una farmacia… en esta farmacia, había “una maquinita”... en esta maquinita había un juego que no sólo cambió la historia de los videojuegos, sino que también mi vida.
Para la fecha, yo ya era fan de Street Fighter II: The World Warrior (1991) incluso mi hermano y yo teníamos en casa la versión de SNES (1991) que apareció en 1992. Pero la maquinita de la que hablo no era esta... acompañando a mi mamá a la farmacia vi que un joven, que supongo en edad adolescente, jugaba un juego de pelea en esta maquinita cuyas gráficas a mi parecer eran simplemente impresionantes. Era como ver personas de verdad peleando. En eso, el fondo se oscureció y la maquinita con una voz penetrante e imperativa dijo “FINISH HIM!” y enfrente de mi vi cómo el ninja azul le arrancó la cabeza junto con la espina vertebral a su oponente… estaba claro, la batalla había terminado.
Sí, debo decir que fue impactante. Pero lejos de ser el que esté traumado por la violencia en los videojuegos, situación que puede o no ser cierta, definitivamente me enamoré del juego Mortal Kombat (1992).
Inmediatamente metí mi moneda para retar al que acababa de hacer semejante acto criminal. Obviamente perdí, pues él sabía y yo no. Me preguntó que si sabía jugar Street Fighter a lo que contesté que sí. Me dijo que debía hacer un “abuguet” y así aprendí a jugar con Sub-Zero en Mortal Kombat.
Los siguientes días, semanas y meses regresé, quería aprender a jugar bien y acabar, es decir entrar al torneo y matar a todos, el juego. Esta tarea demostró ser cara y difícil. Llegar a pelear con Goro, un sujeto nada amigable con 4 brazos, ganarle y luego pelear con Shang Tsung, un misterioso anciano que se transforma en cualquier otro combatiente, parecía imposible. Pero llegando a mi casa estudiaba las estrategias, veía que había fallado, me proponía intentar nuevas formas de atacarlo para poder realizarlo la siguiente ocasión.
Una vez incluso no supe qué hacer y hasta decidí que hacer planas de “Tengo que ganarle a Shang Tsung” sería buena idea. Hice las planas, lo escribí 50 veces. Supongo que en si haber escrito las planas no ayudaron a ganarle, pero definitivamente me ayudaron a desahogar mi frustración. El día de hoy estoy a medio doctorado tratando de resolver un problema, y quizá escribir esta historia no me ayude a resolver el problema. Pero estoy seguro que me desahogué y mañana regresaré con una nueva estrategia.
Tengo muchos más ejemplos de cómo ciertos juegos me han enseñado y aplico lo aprendido en la “vida real” aunque cierto es que cuando decido jugar un nuevo videojuego mi objetivo es distraerme precisamente de esa realidad, olvidar el mundo en el que vivo e involucrarme en la realidad virtual que mi mente crea con ayuda del videojuego para simplemente divertirme. Nunca me he puesto a jugar con la intención de que un juego me cambie la vida, sin embargo, siempre pasa así en menor o mayor medida.
Life is a game… play it!


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